Carácter cristiano (VI parte).

Carácter cristiano (VI parte).

TEMA: No hay vida real sin crecimiento.
LECTURA: Efesios 3:1-21.TEXTO: 1 Pedro 2:1, 2.

INTRO: La vida humana es el resultado del crecimiento. Cualquier cosa que tenga vida crece. El principio del crecimiento es el mismo para la vida animal, vegetal, humana, y también para la vida espiritual. Por eso una característica esencial de cada miembro de una asamblea es su “crecimiento espiritual” cada año. Es una lástima que muchos creyentes nunca crezcan, pero es el plan y el propósito de Dios que el creyente deje de ser un “bebé” espiritual y crezca para llegar a ser un creyente adulto y maduro.

I. El crecimiento espiritual es obligatorio según 2 P. 3:17, 18.

1. No hay ninguna razón para que el creyente no pueda crecer ya que Dios lo ha provisto, por medio de Su Palabra, de cada recurso espiritual necesario, Deuteronomio 8:1-3

2. Esta fue la petición de Pablo a Dios, que los creyentes de la asamblea de Corinto fueran completos, 2 Corintio 13:9-11, vea 1 Corintios 1:10.

II. En las Escrituras encontramos niveles de madurez (1 Juan 2:12-14). El texto revela tres categorías básicas en el crecimiento espiritual. Todo comienza como “bebés” (hijitos), por eso existe la necesidad de crecer en las cosas del Señor.

1. Están los “hijitos” del versículo 12, o sea, infantes espirituales que tienen falta de discernimiento y no saben lo que es bueno o malo. El creyente es llamado a tener una vida madura y con discernimiento, Efesios 4:11-16.

2. Están los “jóvenes” de 1 Juan 2:13b. Son aquellos que todavía no han llegado a la madurez en la vida cristiana, pero que han entendido la doctrina sólida porque “han vencido al maligno”. La única manera de vencer al diablo es ser fuertes en el conocimiento de las Escrituras, 1 Juan 2:14c.3. Están los “padres”, v. 13a. Aquí estamos hablando de “padres espirituales”, gente que tiene un conocimiento profundo de las Escrituras y que tiene una relación íntima con Dios. Es una lástima que poca gente llegue a este nivel.


III. La única manera de crecer espiritualmente es conocer las Escrituras (2 Timoteo 3:15-17). Notarás que las Escrituras son la llave al crecimiento espiritual y que tienen parte en:

1. La salvación. ¡Tenga cuidado aquí! El conocimiento de las Escrituras no produce la salvación del alma del infierno (Juan 5:39). Pero el conocimiento del Espíritu Santo trae al pecador a la salvación, Salmo 19:7a; Marcos 4:13-20; Juan 5:24; Santiago 1:18; 1 Pedro 1:21; Romanos 10:14, 17.

2. La enseñanza, 2 Timoteo 3:16a, vea Josué 1:8.

(1) Hay ciertas verdades fuera de las Escrituras que no podemos conocer de Dios, 1 Corintios 2:9-16.

(2) Por eso la única manera en que podemos conocer de Dios es por la instrucción del Espíritu Santo como se revela en la Palabra, Juan 14:16, 17; 16:13; 1 Juan 2:20, 27, Juan 17:17.

3. La reprensión (2 Timoteo 3:16b). Es la acción de amonestar a uno condenando lo que ha dicho o hecho. Las Escrituras revelan el pecado y refutan el error.

(1) Las Escrituras tienen un ministerio negativo que es el de destruir y eliminar cualquier cosa que sea pecaminosa o falsa, y un ministerio positivo de edificar y aumentar cualquier cosa que es justa, correcta y verdadera, Hechos 20:26-31; Juan 15:2; Proverbios 6:23.

4. Corrección (2 Timoteo 3:16c). Es la acción de corregir, enmendar, rectificar lo errado, advertir, templar y moderar la actividad de una cosa.

(1) La Palabra nos lleva a una posición correcta. Nos remedia, nos repara, nos compone. Cualquier cosa rota en la vida espiritual es rectificada por la Palabra, aunque a veces duele, Hebreos 12:5-11.5. Las Escrituras tienen su parte en “la instrucción en justicia” (2 Timoteo 3:16d). Aquí estamos hablando de vivir una vida justa y correcta.

(1) La instrucción comienza al oír por primera vez la Palabra.

(2) La instrucción continúa cada vez que tú y yo encontramos pecado, error o equivocación en la vida de alguien que profesa la fe salvadora en Jesucristo.

(3) La instrucción continúa cuando tú y yo somos tentados a pecar. Nótese bien cómo nuestro Señor usó la Palabra en Mateo 4:3-10.

IV. Si el creyente ha de crecer espiritualmente, tiene que tener un deseo por la Palabra, 1 Pedro 2:1-3; Salmo 19:7-10; 1:2.1. Para “desear” las Escrituras hay que amar la verdad, 2 Ts. 2:9, 10; Pr. 2:1-6. (Continuará)

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