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| La Biblia Habla por si mismo |
Tomemos por ejemplo el relato de Balaam y el asna que habló en Números 22. Según este conocido relato, el asna sobre el cual viajaba el profeta desobediente se asustó al ver un ángel con una espada desenvainada. El asna se echó a un lado, aplastó el pie de su dueño contra una roca, se negó a seguir adelante, y se quejó contra el profeta utilizando oraciones completas.
Como las asnas no hablan, algunos podrían decir que se trata simplemente de una parábola para demostrar que hasta los animales estúpidos pueden a veces actuar con mayor tino que sus dueños humanos. Otros, sin embargo, pueden decir que hay verdades más profundas que esas en el pasaje.
El problema de «espiritualizar» es que puede impedirnos ver lo que Dios realmente nos está diciendo.
Por ejemplo, alguien podría señalar que la historia de Balaam y el asna es en realidad una visualización de lo que nos sucede cuando enfrentamos un doloroso conflicto interno. Para ilustrarlo, el pie aplastado representa el dolor físico que muchas veces experimentamos al actuar contra nuestra propia conciencia. El asna que habla representa cómo nuestros propios pensamientos tercos pueden volverse contra nosotros y respondernos. Luego está el ángel. Ese es nuestro espíritu humano. En el momento preciso interviene en nuestros planes, asusta nuestra mente preocupada, y nos habla desde un nivel de conciencia distinto.
El problema de esa interpretación es que dice mucho más sobre la imaginación del intérprete que sobre el texto. En serio, esa imaginación, por más espiritual que parezca, lo que hace es torcer, ignorar y negar el significado verdadero de la Palabra de Dios. Eliminar el significado llano de las palabras y llenarlas de un contenido espiritual no honra ni las palabras ni al Autor de la Biblia.
La historia de Balaam y el asna no se presenta como una parábola en el texto. Tampoco se trata del conflicto personal interno, aunque eso es parte del texto. El lenguaje simple y normal del texto demanda que lo interpretemos como una narrativa histórica real. Presenta un registro de eventos reales que demuestran la habilidad milagrosa de Dios, no sólo para lidiar con un profeta rebelde, sino, más importante aún, para preservar y bendecir milagrosamente a Israel, su pueblo escogido.
El significado normal de las figuras del lenguaje. Usamos figuras en la conversación diaria, no para esconder el significado de nuestras palabras, sino para expresarlo. Tomemos como ejemplo la expresión «me estoy enfriando». El contexto y el uso normal hacen obvio su significado. Si una persona hiciera ese comentario mientras pesca sobre hielo, seguido de las palabras «debí haberme puesto los otros calcetines», obviamente el significado de sus palabras sería literal. Sin embargo, si una persona dijera estas palabras un par de días antes de firmar una hipoteca, podríamos asumir que quiere decir algo muy diferente, especialmente si luego dice: «Voy a revisar el presupuesto.»
Usamos figuras del lenguaje porque hasta en las conversaciones, una imagen vale más que mil palabras.
Cristo muchas veces usó figuras del lenguaje de significado llano y obvio. En una ocasión dijo al apóstol Pedro: «Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos» (Mateo 16:19). Nadie tiene que cuestionar si Jesús hablaba de llaves físicas reales o de llaves figuradas. El reino de los cielos no se encuentra encerrado en un muro material con una puerta que requiere de una llave real. Cristo tampoco prometió, como algunos se han imaginado, que Pedro y los discípulos podrían atar cualquier cosa que quisieran atar (incluyendo a Satanás).
Con el tiempo, las «llaves» tendrían un significado específico para Pedro. En Mateo 16, Cristo dio a Pedro autoridad para abrir las puertas al mundo cristiano. Utilizó esa autoridad para con los judíos el día de Pentecostés (Hechos 2), para con los samaritanos cuando impuso las manos sobre las personas que creyeron el mensaje de Felipe (Hechos 8), y para con los gentiles cuando predicó en la casa de Cornelio (Hechos 10). Pedro abrió la puerta a todas las naciones para que recibieran a Jesús como Salvador y Rey. Nadie podría «atar» nuevamente a un judío o gentil que creyera en Cristo para impedirle la entrada al reino de Dios.
Cristo muchas veces usó figuras del lenguaje de significado llano y obvio.
Cuando se leen en su contexto, las figuras y el lenguaje simbólicos tienen generalmente un significado simple y ordinario. En muchos casos, la Biblia hasta explica inmediatamente sus propios simbolismos. Pero, ¿qué sucede cuando la intención del autor no está clara? ¿Qué hacemos cuando no está claro si la Biblia utiliza las palabras de forma simple o figurada? En ese caso, la regla más segura es tomar el significado literal del texto en su contexto inmediato. Debido a la integridad de la Escritura podemos confiar en que la verdad final que consideramos corresponderá al sentido simple y ordinario de las palabras. «Buenos frutos» no significará «malos resultados».

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