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| Contexto |
Esta cuarta regla del contexto, al igual que la tercera, requiere de una visión amplia de la Escritura. Existen verdades básicas en la Escritura cuya comprensión da la orientación, los antecedentes y el fondo necesarios para la interpretación de muchos pasajes individuales. Estas verdades se pueden descubrir a través del estudio personal. Sin embargo, mientras más pronto las comprenda, más rápido podrá el hijo de Dios comenzar a ver cómo las ideas individuales encajan en el cuadro completo de la revelación de Dios.
Ley y gracia. En un sentido, la frase «la ley de Dios» se refiere a los mandamientos de Moisés. Sin embargo, en su sentido más amplio, la ley es cualquier afirmación que describa los altos estándares de Dios. Algunas de esas leyes son sociales, algunas morales, y otras son reglamentos espirituales para la adoración.
Si alguien pudiera cumplir toda la ley de Dios, esa persona podría estar segura de ir al cielo y de poseer una espiritualidad como la de Cristo continuamente. Sin embargo, en la realidad, nadie ha calificado para la vida eterna cumpliendo la ley. Igualmente, nadie ha llegado a la madurez espiritual tratando de cumplir los mandamientos de Dios (Gálatas 3:1-5). Tanto la salvación como la espiritualidad ocurren, no cuando tratamos de cumplir los principios perfectos de Dios, sino cuando creemos lo que Dios ha dicho.
La gracia de Dios, que se ofrece a aquellos que creen, es un sistema de misericordia y ayuda inmerecida. Sin la gracia, nadie se ha salvado jamás. Sin la gracia, nadie ha dado el más pequeño paso de avance hacia Dios. Sin la gracia, ningún hijo de Dios ha crecido en la imitación de Cristo. La gracia es la oferta de Dios para que tengamos una relación con Él y para darnos su ayuda. Es la forma en que Él vive su vida a través de todos aquellos que se humillan lo suficiente para clamar y rendirse a Él.
Justificación y santificación. La justificación es el acto legal por medio del cual Dios declara justo a todo aquel que confía en su Hijo para salvación. Lo único que podemos hacer para calificar y obtener ese estado es creer en Cristo. La justificación es un acto de la libre gracia de Dios. No podemos ganárnosla (Romanos 3:24).
Por su vida, muerte y resurrección a nuestro favor, Cristo nuestro Salvador puede justificar a toda persona impía y maligna que acude a Él para obtener gracia (Romanos 4:5).
La santificación es el proceso por medio del cual Dios continúa apartando y distinguiendo a aquellos que han creído en su Hijo. Un primer acto de santificación salvadora «aparta» al creyente para Dios por siempre. Ese acto va seguido de un proceso planificado y progresivo para apartar al creyente del pecado y acercarlo cada vez más a Dios.
La santificación es el proceso por medio del cual Dios continúa apartando y distinguiendo a aquellos que han creído en su Hijo.
Si confundimos los conceptos de justificación y santificación podríamos cometer el error de pensar que nuestra salvación no es segura. Algunos que tienden a tener una visión de Dios basada en la ley en vez de la gracia nunca tendrán seguridad de que sus pecados han sido perdonados, que han sido aceptados completamente, y que han sido adoptados en la familia del cielo. La perspectiva correcta de la distinción entre justificación y salvación nos permite ver que un creyente en Cristo nace en la familia de Dios completamente justificado y listo para el proceso de la santificación práctica, que se desarrolla durante el resto de su vida.
Israel y la Iglesia. Se puede evitar mucha confusión comprendiendo la clara distinción que existe entre Israel y la Iglesia. Aunque ambos adoran al mismo Dios, existe una diferencia fundamental entre ellos.
Israel es una nación de individuos que pueden comprobar su relación étnica y de sangre con Abraham a través de Isaac y Jacob. Israel nos dio la ley de Moisés, los profetas y el Mesías del mundo. Israel es una nación con la cual Dios hizo pactos específicos en el tiempo y la eternidad. Es la nación que fue apartada luego de la aparición de Jesús y de su rechazo como Mesías. Es la nación, de entre todas las naciones del mundo, escogida por Dios para mostrarse a Sí mismo al mundo entero. Israel es la nación, según la Escritura, que estará en el centro de los eventos mundiales de los últimos días.
Israel es la nación, que estará en el centro de los eventos mundiales de los últimos días.
La Iglesia no tiene una identificación étnica específica. Está formada por hombres y mujeres de todas las naciones, quienes confiesan a Cristo como Salvador y Señor. Desde su inicio en Pentecostés, la Iglesia permanecerá en la tierra hasta que sea sacada sobrenaturalmente de ella en un evento que se conoce como «el rapto» (1 Tesalonicenses 4:14-17; Juan 14:1-3).
Dos fases del regreso de Cristo. En el pueblo de Dios existen desacuerdos con respecto a cuándo regresará Jesús. Por un lado, la Biblia nos dice que estemos listos porque «el Hijo del hombre vendrá a la hora que no pensáis» (Mateo 24:44). Pero la Escritura también dice que Cristo volverá a la tierra al final de un tiempo terrible de tribulación cósmica y mundial (Zacarías 14:4,5; Mateo 24:29-31).
Estas diferencias se explican por medio de un regreso en dos fases. De la misma forma en que los profetas del Antiguo Testamento entremezclaron dos venidas diferentes, las dos fases de su retorno se mezclan en el Nuevo Testamento.
En la primera fase, que puede ocurrir en cualquier momento, Cristo vuelve en las nubes a buscar a su Iglesia (1 Tesalonicenses 4:16,17). La segunda fase ocurrirá al final de la tribulación cuando Cristo vuelva a la tierra para salvar a Israel de la persecución mundial y establecer su largamente esperado reino político en la tierra (Isaías 2:1-4; Hechos 1:6).
Aunque estas dos fases del regreso de Cristo no se explican detalladamente en el Nuevo Testamento, al igual que el Antiguo Testamento no explicaba detalladamente las dos venidas de Cristo, esta interpretación explica lógicamente:
1) las misiones específicas de Israel y de la Iglesia,
2) dos descripciones distintas del regreso de Cristo,
3) la ausencia de la Iglesia en Apocalipsis 4–18,
4) la advertencia de que Cristo vendrá cuando no lo esperemos, y
5) la necesidad de que personas sin cuerpos glorificados entren en el reino del milenio.

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